Curso para el Acompañamiento Juvenil de IFOSOCJ

El Instituto de formación social comunicación y juventud(IFOSOCJ) apertura el quinto curso virtual "Pedagogía del Acompañamiento Juvenil" que está dirigido a: Educadores sociales adultos que trabajan con jóvenes y adolescentes.
El curso tiene como objetivo:
  • Brindar elementos teórico-prácticos sobre la escucha significativa en la construcción de la identidad de los jóvenes desde su historia personal
  • Definir algunos lineamientos que permitan descubrir a los educadores sociales, sus capacidades como acompañantes.
  • Canalizar el proyecto de vida y las búsquedas de los adolescentes y jóvenes de hoy.

  
El curso se inicia este 9 de enero

Cualquier consulta o inscripción solicitarla al siguiente Correo institutoformacionsocial@yahoo.es de IFOSOCJ

Participo en un voluntariado "VOLUNTARIAMENTE"

El pasado 10 diciembre más de 60 jóvenes se dieron cita en el Instituto Bartolomé de las Casas para la charla informativa del Voluntariado Universitario Nacional, que es parte del programa de educación intercultural para el desarrollo, en la cual un joven universitario durante 5 semanas convive con alguna comunidad, ayudando a alguna institución u organización con los conocimientos adquiridos en su formación universitaria.

El lugar al cual el voluntario es designado, depende de la relación entre sus competencias y las necesidades de la institución con la cual va a trabajar. En esta ocasión las zonas propuestas serán las siguientes: Cuzco, Arequipa, Lima, Ancash, Lambayeque, Cajamarca, Loreto, Ucayali, San Martín.

Al igual que el Instituto Bartolomé de Las Casas, existen muchas otras instituciones que ofrecen oportunidades para realizar voluntariados en distintas partes del país y en distintas áreas. Aunque no se difunda mucho, hay miles de jóvenes participando en estos programas, y quizás porque a veces no se difunden, se piensa equivocadamente que los jóvenes no son agentes de cambio o que no se comprometen con su comunidad.

Los programas de voluntariado acercan a las y los jóvenes a realidades distintas a las suyas y por eso ayudan a fomentar aquella actitud crítica que les permitir cuestionar su entorno (familiar, social) desde un punto vista activo, es decir, a preguntarse qué hago yo por cambiar esta situación. La respuesta será una acción concreta.

A continuación les mostramos un video donde ex-voluntarios del IBC cuentan su experiencia y cómo les ha impactado en su vida.

 

Un Saludo por Navidad

Desde el CEP y el programa "Acompañando Jóvenes que construyen País" les deseamos una Feliz Navidad especialmente a todos a los acompañantes y jóvenes que nos visitan en nuestros blogs y ahora nuestra página web.

COMENTARIO PARA EL CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas [1]

Is.7,10-14
Rom.1,1-7
Mat.1,18-24

Las lecturas del cuarto y último domingo de Adviento nos orientan ya de lleno hacia el misterio de  la Navidad. El texto del evangelio, que remite explícitamente a la primera lectura tomada de Isaías, y las primeras líneas de la carta los Romanos nos introducen en los títulos “cristológicos” con los que la primera comunidad cristiana nacida de la pascua reconoce a Jesús: Salvador, Emmanuel que significa Dios con nosotros, Hijo de Dios.

El evangelio de Mateo nos presenta el anuncio hecho a José, a diferencia de Lucas que lo refiere dirigido a María, de la concepción del Mesías: “es del Espíritu Santo”. Así también Pablo en la segunda lectura confiesa a Jesucristo “constituido Hijo de Dios según el Espíritu de santidad”. Que Jesús sea Mesías e Hijo de Dios es “obra del Espíritu Santo” y por lo mismo sólo se puede reconocer y confesar en el ámbito de la fe. No se trata de la constatación de un dato de la  historia, es revelación de Dios. Tanto en el relato de Mateo como en el de Lucas es un “ángel del Señor” el portador de esa noticia. El misterio de  Navidad invita así más a la contemplación y a la adoración que a la explicación y a la comprensión racional. José, que nos es presentado como “hijo de David”, un dato importante de las tradiciones sobre el mesías, es un hombre “justo”, resuelve dejarse llevar por lo que se le ha revelado de parte de Dios más que por su primera y comprensible reacción humana, “hizo como el ángel del Señor le había mandado y tomó consigo a su esposa”  De manera semejante a como María, en el evangelio de Lucas, decide acoger el anuncio sorprendente del ángel con su “hágase en mí según tu palabra”. María y José nos conducen bien en el camino hacia la fiesta de  navidad.

Nuestra tradición navideña del “Niño Manuelito” es una manera popular de referirse al “Emmanuel” anunciado por el profeta Isaías. Se vivían en aquella época tiempos de incertidumbre y temor por la amenaza de la guerra sirofenicia contra Jerusalén. La esperanza se concreta, no sin paradoja, en el nacimiento de un niño, al que se “le pondrá por nombre Emmanuel”.  La cercanía y la fuerza salvadora del “Dios con nosotros” se  manifiesta en la debilidad de un niño. Lo mismo acontece en lo revelado a José. Parece una constante en la historia de la salvación de Dios y de la esperanza humana que se apoya en Dios. El mismo Jesús comparó la presencia en la historia del reino de Dios con la más pequeña de las semillas (Mt.13,31-32). Frente a las promesas de salvación que con orgullo vocean los poderosos, la esperanza de Dios trajina la historia desde los sencillos y los pequeños, reclamando a su vez  colaboración y compromiso coherente. No deja de sorprenderme y desafiarme la actitud de mucha gente sencilla, abierta a la esperanza aún y precisamente en los momentos y situaciones más difíciles.

El Emmanuel de Isaías es para nosotros Jesús. En hebreo “Jehosua”, y significa “Yahve, Dios, salva”. A José –y de alguna manera a nosotros- se le dice: “le pondrás por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados”. A base de repetirlo hemos perdido el sentido de la trascendencia de esa expresión, hemos restringido el sentido de pecado a determinados comportamientos individuales, a determinadas transgresiones. El pecado esencialmente es negarse a acoger el amor de Dios y manifestarlo en el amor fraterno, se expresa en el egoísmo, la indiferencia  y el desentendimiento de los demás, lo que hace sufrir y quiebra la fraternidad, lo que en la práctica pretende negar que Dios está con nosotros. Siendo ese el significado esencial del pecado resulta muy importante reconocer que Jesús ha venido a “salvar a su pueblo”, no sólo a las personas aisladas en su individualidad, sino también en la trama social en la que nos negamos o nos construimos como “pueblo”.

Jesús de Nazaret, tanto en la fragilidad del niño nacido en Belén como en la consistencia de su práctica anunciadora del Reino de Dios, vivida con lúcida fidelidad y entrega hasta la cruz, es la revelación definitiva de “un Dios no sólo pensado e hipotético, sino del Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz”, como bien dijo Benedicto XVI en el Discurso de apertura de la reunión de los obispos latinoamericanos en Aparecida (2007). Jesús, en cuanto Emmanuel, nos revela hasta dónde puede llegar Dios –hacerse uno de nosotros- y hasta dónde debe llegar nuestro respeto a la dignidad y vocación de todo ser humano –hacerse y ser tratado como hijo de Dios. Jesús Emmanuel es criterio para la teología –cómo entender y hablar de Dios-,  pero también para la antropología –cómo entender y tratar prácticamente a los seres humanos. Una consecuencia aflora rápidamente en el discurso de Benedicto XVI y es recogida en el texto nº 392 de Aparecida: “Nuestra fe proclama que ‘Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre’. Por eso ‘la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza”.

Celebrar la Navidad tiene sin duda un carácter festivo y de alegría, la de creer que el Dios del amor y de la vida está definitivamente cerca de nosotros, de todas las personas, de los pobres y de los que sufren. Pero significa reconocer que su presencia no tiene la fuerza de un “milagro”, manifestación de omnipotencia, es más bien un “misterio”, manifestación de un amor salvador, escondido y revelado, como el que reconocemos en el Niño de Belén. Creer y acoger el misterio de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, significa creerlo y vivirlo cada día, durante todos los días del año, en la solidaridad y en el servicio a las hijas y a los hijos de Dios, especialmente a quienes viven en situación de pobreza y marginación. Navidad no debe ser un paréntesis aislado de la complejidad de lo cotidiano, con sus incertidumbres, sus problemas y sus desafíos, sino un tiempo para renovar la fe, reavivar la esperanza y fortalecer el amor y la solidaridad. Emmanuel -Dios con nosotros-  es una clave para interpretar los signos de los tiempos y situarse en ellos. Dios entre nosotros, en medio de nosotros, y en la relación mutua entre nosotros le encontramos a Él.

Como sugerencia final les recomiendo concluir con la oración del Adviento “Ven, Señor Jesús…” completándola con las motivaciones y necesidades que después de esta reflexión nos parezcan más urgentes y necesarias.

Para que lo intentemos juntos, acompañándonos y ayudándonos, les deseo una FELIZ NAVIDAD y un FELIZ AÑO 2011.

Luis Fernando Crespo Tarrero

[1]  Es conveniente leer los Textos Bíblicos antes del comentario

Arzobispado de Huancayo gana Premio Nacional Ciudadanía Ambiental 2010


Por cartilla informativa “Diálogo Ambiental”

La cartilla informativa “Diálogo Ambiental”, que edita mensualmente el Arzobispado de Huancayo a través del proyecto “Fortalecimiento de la red de promotores de la Cuenca del Mantaro” se adjudicó el primer puesto del Premio Nacional Ciudadanía Ambiental 2010 en la categoría Campañas en Medios de Comunicación, que otorgó el Ministerio del Ambiente por segundo año consecutivo.

Durante la premiación, que se realizó el viernes 3 de diciembre en el Círculo Militar de Jesús María en Lima, el Ministro Antonio Brack, destacó la creatividad, experiencia y el buen manejo de la información que presenta la cartilla Diálogo Ambiental; asimismo la difusión de mensajes para informar a la población sobre temas ambientales, con un enfoque de construcción de paz, respeto a los derechos humanos y desarrollo sostenible.

Por su parte, Monseñor Pedro Barreto Jimeno, Arzobispo de Huancayo, señaló: “Hace 3 años la cartilla Diálogo Ambiental del Arzobispado de Huancayo, está respondiendo a la gran necesidad de contar con información ambiental veraz, objetiva y oportuna. Su valor no es solamente educativo y de sensibilización ambiental, sino que también se convertido en una respuesta eficaz al proceso de solución integral a la problemática de La Oroya y la recuperación de la cuenca del río Mantaro”.
A la fecha la cartilla Diálogo Ambiental, lleva 31 ediciones y se ha constituido en un importante instrumento para afianzar los conocimientos en la toma de decisiones de autoridades, funcionarios y líderes de la cuenca del Mantaro, en temas relacionados al cuidado de los bienes de la creación.

Los responsables de la publicación de la cartilla informativa “Diálogo Ambiental” que se difunde gratuitamente a nivel nacional desde abril del año 2007, gracias al financiamiento de Catholic Relief Services, son los comunicadores sociales: Lilian Parra Póvez, Oliverio Cóndor Hinostroza y Héctor Bonilla Espinal.

El Premio Nacional de Ciudadanía Ambiental 2010 recibió 132 postulaciones de todo el país, distribuidas en 7 categorías: Campañas en medios de comunicación, Educación ambiental, Tradiciones ambientales populares, Econegocios, Expresiones artísticas, Voluntariado ambiental y Participación comunitaria ambiental.

Fuente: Nota de Prensa 06-12-2010 Proyecto "Fortalecimiento de Red Promotores de Cuenca Mantaro"

Para reflexionar en nuestra primera semana de adviento

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

Lecturas:         Isaías 2,1-5
                        Carta de Pablo a los romanos 13,11-14
                        Mateo 24,37-44

Nota: Sería bueno leer detenidamente las lecturas bíblicas antes de leer el siguiente comentario.

¿Cuándo es Navidad este año?  ¡El 25 de diciembre! ¡Como todos los años!
¿Qué celebramos el 25 de diciembre? ¡Navidad! ¡El nacimiento de Jesús en Belén!
La primera pregunta se refiere al tiempo “calendario” y la fecha está bien marcada en todas las agendas.
La segunda pregunta se refiere al tiempo que llamamos  “kairos”, lo que el tiempo tiene de significado de salvación, desde el punto de vista de Dios. No es lo  mismo.

Toda la gente espera la fecha del 25 de diciembre con expectativas diversas: una buena cena, un buen regalo, según las posibilidades económicas de cada familia. Pero no todas las personas esperan la celebración del nacimiento de Jesús y su regalo de salvación, de vida nueva y de paz. Por eso a la Navidad anteceden cuatro domingos de preparación a la llegada del Señor que viene, es el tiempo de Adviento.

Con el Adviento comienza el año litúrgico, y con él se inicia la secuencia de lecturas dominicales de un evangelio, este año corresponderá al de Mateo.

El evangelio de este primer domingo siempre nos sorprende con su tono tenebroso y sobrecogedor. Está tomado de la última parte de palabras y dichos de Jesús, lo que tradicionalmente se designa como “el discurso escatológico”. Jesús enseña y advierte en torno a la intensa expectativa de sus contemporáneos sobre el fin de los tiempos. Lo hace en una forma literaria común en su tiempo, llamada “apocalíptica”: la llegada definitiva y salvadora de Dios vendrá precedida de catástrofes que indican el final de “este” mundo perverso. Pero, entendámoslo bien, lo definitivo es la salvación de Dios: su cercanía, su justicia y su paz.

La promesa y la esperanza del tiempo futuro venían de muy atrás, atraviesan todo el entramado de la historia bíblica. Los profetas de Israel supieron recogerlas  y formularlas. En la primera lectura Isaías, el profeta del adviento, lanza una idea bien precisa y sugerente sobre lo que serán “los días futuros” en los que se hará presente la salvación de Dios: “forjarán de sus espadas azadones y de sus lanzas podaderas, no levantará espada nación contra nación”. Los instrumentos de violencia y de guerra, espadas y lanzas, se convertirán en instrumentos de vida, azadones para disponer la tierra para la siembra y podaderas para segar y recoger la cosecha. El Dios “amigo de la vida”, que nos ama  y quiere la vida de todos, se acerca y se implica en nuestra trama humana para cambiar todas las formas de conflicto, injusticia, disensiones, rencores e indiferencias, en definitiva sinónimos de egoísmo y de muerte, en actitudes nuevas de respeto mutuo, de justicia, de amor y de fraternidad, que significan y construyen vida y paz. La salvación que Dios ofrece en su venida hace posible que vivamos de una manera nueva y que cada uno nos convirtamos en un regalo para los demás. El  profeta exhorta no sólo a contemplar y esperar sino a ponerse en movimiento decidido: “andando y vayamos, caminemos a la luz de Yahvé”.

Pablo en la segunda lectura nos invita a “despertar”, puesto que “la salvación está más cerca de nosotros que cuando comenzamos a creer”. Es hora de “despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos de las armas de la justicia”, es decir “revestirnos del Señor Jesucristo”. Muy atinadamente había comenzado el párrafo diciendo “Y esto teniendo en cuenta el momento (kairos) en que vivimos”. Ya estamos en “los últimos tiempos” inaugurados por el nacimiento y la Pascua de Jesús, tiempos de salvación y, a la vez, tiempos donde aún perduran el egoísmo, las  injusticias, el pecado. Apunta la nueva luz del día, pero aún estamos sumidos en las tinieblas de la noche. Pablo reclama profunda revisión y conversión, “despojémonos/revistámonos”, para proceder “como en pleno día”. Disponernos a celebrar debidamente el nacimiento de Jesús, el Dios con nosotros (el Emmanuel), en nuestro contexto personal e histórico es una invitación a la revisión lúcida de actitudes y a la conversión eficaz de comportamientos.

Jesús, volviendo de nuevo al evangelio, advierte y llama a la vigilancia para esperar la venida del Hijo del Hombre, no nos vaya a pasar “como en los días de Noé”, unos se enteraron, lo tomaron en cuenta y se salvaron, pero otros no, “y no se dieron cuenta”. La actitud del cristiano es la vigilancia para observar con atención los “signos de los tiempos” y discernir lo que hay en ellos de salvación, de “venida del Hijo del Hombre”, para vivir en ellos con plenitud y coherencia. No sabemos el cuándo, “el día”, (“cronológico”) de su venida, pero sí sabemos el cómo, viene en el prójimo, hambriento y necesitado, como claramente nos lo dejó dicho (Mt.25).

Es tradicional hablar de dos venidas del Señor, la “parusía”. La grande y definitiva al fin de los tiempos, con gloria y majestad; la primera en la pequeñez de un niño, nacido en las afueras de un pueblito judío y acunado en un pesebre, acogido con intimo cariño por unos padres humildes y visitado por unos pastores de la comarca. Entre las dos se encuentra nuestro tiempo, el tiempo de la iglesia, el tiempo de nuestra acogida, el tiempo de la esperanza y de la responsabilidad para dar a nuestra historia un sentido de “Reino de Dios”, a la humanidad un rostro más humano. El adviento comienza en el primer domingo dibujando el horizonte más amplio de la salvación de Dios para ayudarnos a enmarcar el arco más chico, pero ya definitivo, de la navidad, clave para entender y encaminarnos hacia la plenitud final.

Para todas las personas llegan las mismas fechas del calendario, pero no todos se preparan para reconocer y acoger al Dios que llega como regalo de salvación en la frágil envoltura humana de un niño que nace en la pobreza. ¿A quién se le podría ocurrir? ¿Quién lo va a reconocer así?  Hay que sacudirse del letargo y despertar.

Tiempo de Adviento es tiempo de vigilante espera, de una esperanza que sintonice con aquél a quien esperamos, que vaya haciendo presente como la mejor preparación a su venida lo que anuncia y ha prometido traer. Es tiempo de despertar de la inercia y de la rutina, de la indiferencia y de la apatía, tiempo para preguntarnos a Quién y qué esperamos en esta navidad y quiénes somos nosotros que le recibimos.

Marana tha”, ¡Ven, Señor Jesús! Así termina el Apocalipsis. Así rezaba la primera comunidad cristiana, así hemos de rezar en el adviento. No nos dejemos confundir en nuestra esperanza. Esperamos y deseamos que sea el Señor Jesús quien venga y sea recibido entre nosotros en esta Navidad.

Luis Fernando Crespo