Compartimos la nota sobre la exhortación que realizó el papa Francisco a los participantes en el IV Congreso Mundial de la pastoral para los estudiantes  internacionales, donde pidió a los que enseñan y a los agentes pastorales a «formar jóvenes sedientos de verdad y no de poder,  listos para defender los valores y vivir la misericordia y la caridad,  pilares fundamentales de una sociedad más sana».

El evento se realiza del 28 de noviembre al 2 de diciembre del 2016 en Roma y es organizado por el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.

El Santo Padre ha recibido esta mañana a los participantes en el IV Congreso Mundial de la pastoral para los estudiantes  internacionales, organizado del 28 de noviembre al 2 de diciembre en Roma por el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes. El evento cuenta con la presencia de estudiantes procedentes de 36 países de los cinco continentes y su tema es : “Evangelii Gaudium del Papa Francisco  y desafíos morales en el mundo intelectual de los estudiantes internacionales de cara a una sociedad más sana”. Un argumento que el Pontífice considera muy interesante porque  “es importante que las nuevas  generaciones  vayan en esa dirección y se sientan responsables de la realidad en la que viven y artífices del futuro”.  El Papa  recordó las palabras de San Pablo a su joven discípulo Timoteo, cuando le recomienda que de ejemplo a los fieles con la palabra, la conducta, el amor, la fe y la pureza, sin temor a que alguien tenga en poco su juventud. “En nuestro tiempo, los desafíos morales son muchos –dijo -  y no siempre es fácil  luchar por la afirmación de la verdad y  de los valores, sobre todo cuando se es joven. Pero con la ayuda de Dios, y con la sincera voluntad de hacer el bien, todos los obstáculos se pueden superar”.

“Al concepto moderno del intelectual,  entregado a su propia realización y en busca de reconocimiento personal, a menudo sin tener en cuenta al prójimo, es necesario contraponer  un modelo más solidario, comprometido con el  bien común y con la paz –afirmó - Quién tiene el don de poder estudiar también tiene una responsabilidad de servicio para el bien de la humanidad  y ser estudiante en un país distinto del propio… consiente mirar el mundo desde otra perspectiva y abrirse sin miedo al otro y al diverso. Esto lleva a los estudiantes, y a  quienes  los reciben, a ser más tolerantes y hospitalarios…Es importante que el período de estancia en el extranjero se convierta en una oportunidad de crecimiento humano e intelectual para los estudiantes y sea para ellos un punto de partida para que regresen a su país de origen para dar su contribución competente y también  con el empuje interior para transmitir la alegría de la Buena Nueva..De esta manera, se forman  jóvenes que tienen sed de verdad y no de poder, listos para defender los valores y vivir la misericordia y la caridad,  pilares fundamentales de una sociedad más sana. ..El enriquecimiento personal y cultural permite a los jóvenes integrarse más fácilmente en el mundo laboral, asegurándoles  un lugar en la comunidad y haciéndoles  parte integrante de ella. Por su parte, la sociedad  está llamada a ofrecer a las nuevas generaciones  oportunidades de empleo válidas, evitando la llamada "fuga de cerebros". Que alguien elija libremente   especializarse y trabajar en el extranjero, es bueno y fructífero; en cambio, duele que  jóvenes preparados se vean obligados   a abandonar su país porque carecen de oportunidades adecuadas”.

El fenómeno  de los estudiantes internacionales no es nuevo,  pero se ha intensificado con la globalización que ha derribado las fronteras espaciales y temporales favoreciendo el intercambio cultural, pero como advirtió el Santo Padre puede conllevar también aspectos negativos como “los  , mecanismos de defensa ante la  diversidad…que no  dejan mirar a los ojos al hermano o a la hermana y percibir sus necesidades reales”. Incluso entre los jóvenes - y esto es muy triste - puede insinuarse  la "globalización de la indiferencia", que nos vuelve  incapaces de sentir compasión por el grito de dolor de los demás.  Así, sucede que estos efectos negativos repercutan en las personas y las comunidades.”.

“En lugar de ello, queridos amigos, apostemos  porque la forma en que vivís la globalización produzca resultados positivos y active grandes potenciales –destacó el Pontífice al final de su discurso-  Efectivamente, vosotros  que pasáis  tiempo lejos de vuestro país, en  familias y  contextos diferentes, podéis desarrollar una notable capacidad de adaptación, aprendiendo a ser custodios de los demás como hermanos y  de la creación como casa común, y esto es decisivo para hacer el mundo más humano..A san Juan Pablo II le gustaba llamaros "centinelas de la aurora". Os animo a serlo cada día, con la vista puesta en Cristo y en  la historia. Así seréis capaces  de anunciar la salvación de Jesús y de llevar su luz en un mundo demasiado a menudo ensombrecido por la oscuridad de la indiferencia, del egoísmo y de la guerra”.





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